La evasión sangrienta.¿Se iba a repetir?

“Subes por la carretera del Tibidabo….hasta arriba del todo….donde pone Protección Civil…a las 10”, este fue el mensaje que envió Francisco Javier Picatoste a Antonio Pavón, conocido delincuente del barrio de la Trinidad en Barcelona, cuando se encontraba huido y escondido en unión de su “íntimo” amigo Manuel Brito Navarro en una guarida de la montaña de Collserola en las estribaciones de la ciudad condal. Esta llamada fue el detonante de una importante operación policial llevada a cabo por la Policía Autonómica catalana y la Guardia Civil que permitió detener a estos peligrosísimos delincuentes y aclarar el doble intento de homicidio de dos agentes de los Mossos d’Esquadra, y el esclarecimiento en colaboración del Cuerpo Nacional de Policía del asesinato de un joven, Sergio Martínez, días antes y la violación de su novia.

Cortesía de El Mundo

La detención se produjo a las 22,01 horas del día 16 de noviembre del 2001.
Toda esta pesadilla se inicia en otoño del 2001 cuando ambos criminales planearon desde el interior de la cárcel de Lleida, un sangriento plan de huida que les resultó bien pero que dejó un reguero de sangre a su paso.
Ahora, ocho años después, a Brito, con 43 años, se le ha desbaratado un rocambolesco plan de evasión nuevo que pretendía ejecutar esta vez desde la prisión de Brians 2, donde cumple condena, según se ha sabido en los medios de comunicación. El plan se descubrió como consecuencia de un cacheo rutinario en prisión al intervenir unos funcionarios unos documentos que delataron sus intenciones para fugarse, pero esta vez solo.
Esta idea, que parece más bien propia de un guión cinematográfico constaba de dos fases. En la primera, un francotirador, apostado en un edificio colindante, dispararía sobre una de las calles interiores del centro penitenciario para dejarla expedita. Simultáneamente, Brito, provocaría un motín en uno de los módulos para obligar centrar la atención de los funcionarios en esa área y aprovechar la confusión para huir escalando el muro y evadirse del centro.
Pero no acaba aquí la locura del preso, sino que incluso llegó a planear el lugar donde estaría oculto durante un mes con víveres que pretendía recoger y ocultar en el centro penitenciario. Gracias a la detección de este plan de fuga se le ha clasificado en primer grado y se le han restringido parcialmente los movimientos en prisión. Este plan ha sido reconocido como totalmente irrealizable pero lo problemático de este criminal se centra en su capacidad fabuladora y que nos hace pensar que si se repite la fuga causará daños irreparables a futuras víctimas si infringiera la condena a 76 años de cárcel que ahora cumple, pena dictada por la Audiencia de Barcelona y ratificada el 2007 por el Tribunal Supremo.
Pero ¿cómo empezó esta terrible historia criminal, por qué, y cómo se puede explicar tanta violencia y quién fue el personaje clave en el desarrollo de esta película de terror?
El camino que decidieron emprender sabían los investigadores que no les conducía a ninguna parte, aunque Manuel Brito y Javier Picatoste estaban convencidos que el destino sería una playa paradisíaca de Brasil donde disfrutarían en compañía del botín que aspiraban obtener de un atraco a un narcotraficante.
Manuel Brito Navarro, fue condenado en el año 1999 por robo con homicidio a la pena de 30 años de reclusión mayor, y Francisco Javier Picatoste Arnaldo, de 42 de edad actualmente, fue condenado robo con intimidación y quebrantamiento de condena en los años 1997 y 1999, penas que estaban cumpliendo en el Centro Penitenciario de Lérida, donde se conocieron y trabaron amistad íntima. Fue en este lugar donde acordaron y planificaron con todo detalle la fuga de ambos, ayudado por otro cómplice, Jorge UROZ ORTIZ, también condenado en el 1988 por tenencia ilícita de armas y en 1999 por robo, personaje clave en toda esta macabra idea de fuga.
“Yo le sacaba, era mi palabra” repitió mecánicamente y hasta tres veces Javier Picatoste en una de las sesiones del juicio cuando se refería a la ayuda que le prestó a Brito para fugarse, aunque después, según sus propias palabras en dependencias policiales, se arrepintió por los hechos posteriores cuando comprobó como su “hermano” (Manuel Brito) violó a una joven en la montaña de Collserola, pero no mostró ningún arrepentimiento por la tentativa de homicidio de los dos agentes de los Mossos y el asesinato de Sergio, el novia de la joven violada.
Llama la atención esa especial sensibilidad que destila hacia ciertos comportamientos que le atacan personalmente y en cambio muestra una frialdad absoluta cuando declaró en dependencias policiales con todo lujo de detalles como disparó a los agentes llegando incluso a simular los disparos con los grilletes puestos en presencia de su abogado. Inexistencia total de empatía hacia sus víctimas, frialdad absoluta, falta de arrepentimiento, violencia desproporcionada y otros indicios nos dibujan un perfil sociópata o psicópata de manual.
La idea era huir y preparar un gran golpe y posteriormente disfrutar de la libertad, lejos, en una costa paradisíaca de Brasil. De este botín se han estimado numerosas versiones, todas ellas infructuosas y que, a la vista del tiempo transcurrido, se cree que tan sólo estaban en la mente de estos dos psicópatas.
Las circunstancias de la huida resultaron muy controvertidas, Brito se autolesionó, tirándose por una escalera, y la doctora decidió remitirlo al hospital Arnau de Vilanova sin comprobarse con una radiografía el alcance de las heridas. Picatoste solicitó a Antonio Pavón un revólver que utilizaría para intimidar a los policías que le escoltaran hasta el hospital una vez se hubiera autolesionado y huir ambos después. Pero todo este plan que parecía estar milimétricamente diseñado por la mente de dos criminales sin escrúpulos se convirtió en una pesadilla que, como en otras ocasiones, superó la realidad a la ficción. Del traslado del interno se responsabilizaron los policías Xavier y Eduard quienes escoltaron la ambulancia que trasladó a Manuel Brito al hospital. Una vez asistido en el centro se dispusieron a reintegrarlo a la prisión pero cuando salían los agentes con Brito, Picatoste de improviso les disparó por la espalda y se fugaron en un vehículo que le había prestado su cómplice dejando gravemente heridos a los dos policías que salvaron su vida gracias a la intervención inmediata del personal del centro médico.
Mientras se realizaba una intensa búsqueda por todos los cuerpos policiales, estos criminales el 13 de Noviembre de 2001, al considerarse cercados muy estrechamente, decidieron abandonar la sierra de Collserola y armados con una de las pistolas que habían sustraído a los agentes heridos, pues la otra la extraviaron en el camino de huida, y con el revólver que utilizó Picatoste para liberar a Brito, iniciaron el camino, siendo su fin primordial hacerse con un vehículo, para trasladarse al norte del país. En la misma montaña de Collserola, de noche, cerca de Cerdanyola, estaba parado un vehículo por una pareja de jóvenes, los cuales se encontraban en la parte trasera. Picatoste portaba el revólver y Brito la pistola sustraída y ambos el rostro tapado con un pasamontañas, se acercaron al vehículo, con ánimo de sustraerlo, tocaron los cristales con las armas, lo que dio lugar a que el joven, avisado por su novia, pasara a la parte delantera y pusiera en marcha el vehículo, hacia atrás, colisionando con un talud. Mientras el joven hacía esta maniobra, los procesados comenzaron a disparar, empezando Picatoste, que efectuó dos disparos. Por su parte, Manuel Brito comenzó a disparar y se acercó a la ventanilla del conductor, donde siguió disparando hasta terminar el cargador que contenía 6 balas. Tras ello obligaron a la joven a abrir las puertas del vehículo, y entre los dos sacaron el cuerpo de Sergio ya cadáver, y lo dejaron abandonado en una cuneta. Subieron al vehículo y mientras uno conducía, el otro intimidaba a la joven en la parte trasera de éste, descubriéndose el rostro en ese momento. Tomaron una carretera y pasados unos 10 minutos el vehículo se averió, lo que les obligó a dejar el mismo y emprender el camino a pie. A la chica le ataron las manos con unas bridas, y la hicieron caminar, por la zona de bosque, durante un tiempo no determinado. En un momento dado decidieron dejarla. Para ello se adentraron en una zona arbolada la ataron a una rama, que era fácilmente rompible, facilitándole un cuchillo para que pudiera cortar las bridas, pero Manuel Brito posteriormente, mientras Picatoste esperaba en otro lugar, abusó sexualmente de la joven y la violó. Tras unos 15 minutos apareció Picatoste preguntando a Brito sobre su tardanza, abandonando ambos el lugar, tras indicar a la joven de forma amenazante que tardara una hora en desatarse. Esta pudo librarse fácilmente de sus ataduras, rompiendo la rama a la que estaba sujeta. Tras ello pidió auxilio en una casa cercana.
El cadáver de Sergio presentaba nueve heridas de bala, que corresponden a tres balas seguras y a cinco probables. Uno de los proyectiles penetró por el lado izquierdo del cuerpo y lesionando órganos vitales le causó la muerte. En el cuerpo de la víctima se encontró, también una bala, que había sido disparada por el revólver.
El día 16 de Noviembre de 2001 ambos fueron finalmente detenidos, en la carretera de l’Arrabassada, donde habían quedado con Antonio Pavón, que no acudió. Ambos portaban las armas utilizadas para el crimen. La sustraída al otro agente fue recuperada por una dotación policial.

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