El acechador nocturno (The night stalker)

El 31 de agosto de 1985, Richard Ramírez, de 25 años,  tan solo siete días después de su último crimen, cuando se disponía a comprar unos donuts y una coca cola en un pequeño comercio de Los Angeles, descubrió que toda la ciudad le buscaba como autor de 14 asesinatos, 5 intentos de asesinato y 9 violaciones en tan solo 16 meses.

No sirvió para nada intentar esconderse de la Policía y de la ciudadanía alarmada por la espantosa crueldad de sus crímenes. Sus víctimas lo describían como un individuo siniestro, cruel, despiadado, terriblemente violento que disfrutaba haciendo el mal y agrediendo sexualmente a sus víctimas. En alguna ocasión obligaba a las mujeres que violaba que gritaran “amo a Satanás”. Este psicópata asesino en serie trajo de cabeza a toda  la Policía de Los Ángeles por sus espantosos crímenes. Su fama de acechador nocturno se la ganó por la forma de actuar, sigilosa, clandestina y sorpresiva que le permitió agredir a sus víctimas de noche mientras descansaban y si encontraba a un hombre, no dudaba en dispararle en la cabeza con su arma del calibre 22.

Su primer asesinato lo culminó en una noche de junio de 1984, cuando una mujer de 79 años fue acuchillada en su propia casa de los Ángeles. No dejó ningún vestigio que permitiera a la Policía identificarlo y consciente de su impunidad se lanzó en una carrera despiadada hasta su detención en agosto de 1985 cuando volvía a su casa con una dosis de cocaína.
Desprendía un olor fétido y tenía un aspecto físico que atemorizaba a sus víctimas, muy diferente al aspecto que presentó el día del juicio, con la dentadura impecable, aseado y atlético. Lo más preocupante de la vista fue la escenificación que realizó ante el público que abarrotaba la sala. Se presentó como un enviado del diablo exhibiendo signos satánicos e intentando cautivar a una parte del público femenino que se presentó con vestidos oscuros y que algunas mujeres llegaron a exhibir prendas íntimas.
Poco le sirvió que se intentara escapar del cerco policial, porque no contó con el apoyo de la población latina de su barrio que le repudió de inmediato al conocer las atrocidades cometidas. Fueron sus propios vecinos los que le apresaron, le apalizaron y lo entregaron a las autoridades.
La forma de su identificación fue un gran adelanto para la Policía de Los Ángeles. Como describe Vicente Garrido en su libro “La mente criminal”. La huella dejada en el vehículo Toyota ranchera de color naranja que utilizó en su último crimen el 24 de agosto de 1985 y que al ser “lanzada” a la recién estrenada base de datos lofoscópica que funcionaba desde hacía tan solo unas semanas, es lo que permitió identificarle ya que constaba una detención anterior por el robo de un vehículo. Pero lo más curioso fue el hecho de que esta base policial tan solo había sido alimentada por delincuentes nacidos con fecha posterior al uno de enero de 1960 y Richard Ramirez nació un mes después.
Con la detención de este criminal se interrumpió una cadena de asesinatos y violaciones que en tan solo algo más de un año había generado el pánico en la ciudad de Los Ángeles y evitar de esta forma que se repitieron otros terroríficos crímenes.
Fue condenado a la pena capital y continúa en el corredor de la muerte de San Quintin.
Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

w

Conectando a %s