Amor y muerte. Mujeres enamoradas de asesinos: La hibristofilia

hibristofilia“A pesar del terror que causan a toda la sociedad, las numerosas muertes llevadas a cabo con sus propias manos y el triste drama de las familias de las víctimas, miles de mujeres en todo el mundo se sienten atraídas por asesinos, homicidas, violadores y maltratadores. Muchas de ellas, les envían cartas de amor, emails, fotografías  y algunas incluso han    llegado a casarse con estos asesinos en prisión. Otras han tenido y tienen contacto personal con ellos como asistentas sociales o abogadas. Sin embargo sobre esta atracción que algunas mujeres sienten por la violencia masculina se suele hablar poco e investigar, mucho menos”. Os acompaño un artículo que seguro os va a interesar de Paz Velasco de la Fuente, abogada y criminóloga  Sigue leyendo

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Evolución de los homicidios en España en los últimos cinco años

Las estadísticas de criminalidad del Ministerio de Interior, entre los años 2007 y 2011, arrojan un porcentaje de 0,96 homicidios por 100.000 habitantes.
Cataluña, en ese periodo ha padecido 394 homicidios constituyéndose como la comunidad autónoma en números absolutos con más homicidios en España con una tasa de 1,05 homicidios por 100.000 habitantes (1,05) y está por encima de Madrid (0,84), Andalucía (0,9) y Valencia (0,97).
Debemos reconocer que España (0,96) es uno de los países de la Unión Europea con la menor tasa de homicidios por 100.000 habitantes, por detrás de Austria (0,54), Eslovenia (0,79) y Alemania (0,89), según las últimas cifras disponibles de Eurostat.

España es uno de los países de la Unión Europea con la menor tasa de homicidios por 100.000 habitantes.
El Cuerpo Nacional de Policía, en el seno de la Comisaría General de Policía Judicial, Unidad Especial de Delincuencia Especializada y Violenta (UDEV), dispone de una Sección de Homicidios que centraliza toda la información relacionada con todos los homicidios cometidos en España y cuya responsabilidad le corresponde a este Cuerpo Policial.
Fuente: El Pais, Cataluña, 17 de junio de 2012. Rebeca Carranco
Esta unidad se responsabiliza de coordinar todas las investigaciones, responsabilidad del CNP, que por homicidio se cometen en España de las que tienen conocimiento de forma inmediata lo que permite aportar todos los recursos técnicos y humanos que precisen en colaboración con los servicios centrales de Policía Científica a través de las diferentes unidades altamente especializadas que se ubican en la Comisaría General de Policía Científica del complejo policial de Canillas en Madrid.
Además dispone de una Grupo de Desaparecidos que gestiona a nivel central del Cuerpo todas las desapariciones “inquietanes” o de alto riesgo y que pudieran estar relacionadas con la muerte del desaparecido y gestiona la base de desaparecidos y restos humanos cuya titularidad corresponde a la Secretaría de Estado de Seguridad (Ministerio de Interior) y a la que están conectados todos los cuerpos policiales en España y que pueden consultar on line todas las desapariciones y la posible vinculación con restos humanos no identificados.
Uno de los factores que ha influido más para resolver más casos de homicidio por el Cuerpo Nacional de Policía ha sido precisamente la estructuración de esta operatividad. Cualquier unidad policial periférica que tenga encomendada la investigación de un homicidio, una vez adoptadas las primeras medidas de preservación de la escena del crimen, sabe que dispone de todos los recursos técnicos y humanos a su disposición a través de las unidades especializadas de ambito supraterritorial del Cuerpo, como los grupos de Homicidios de las Brigadas Provinciales de Policía Judicial o en su defecto por la Sección de Homicidios de la UDEV Central que pueden aportar la experiencia y apoyo logístico preciso con la imprescindible colaboración de los peritos de Policía Científica.

La delincuencia violenta

Desafortunadamente,  esta  delincuencia  se  ha  desarrollado  en  todos  los tiempos y en el seno de todas las culturas. Desde luego, en las más antiguas conocidas,  como  la  bíblica,  babilónica  o  mesopotámica  y  la  egipcia.  En  la literatura  bíblica,  son conocidos algunos  lugares  del  Génesis  como el  4,10, donde  se  condena  muy  duramente  la  muerte  de  Abel  por  Caín,  el  9,6  del mismo Libro, donde se exige la muerte (derramamiento de sangre) del que matare a otro hombre, pues el hombre ha sido hecho a imagen de “Elohim” (el  Dios único). Y, es lapidario el mandamiento del Éxodo: “No matarás” (20,13). En el Antiguo Egipto, en el “Libro de los Muertos”, el difunto, para justificarse ante el tribunal de Osiris, confiesa que es puro porque, entre otras muchas cosas: “No herí a hombre alguno..(..) A nadie le hice sentir dolor. A ningún hombre  hice  llorar.  No  cometí  homicidio,  ni  jamás  ordené  a  alguien  que matara por mí. No perjudiqué a la gente”.
El Derecho Penal Romano distinguía entre homicidio voluntario e involuntario. Sólo  el  homicidio doloso  o  intencional  era  gravísimamente  castigado por  la “Lex  Cornelia”.  En  la  Edad  Media,  el  delito  de  homicidio  seguía considerándose,  desde  luego  en  los  “Estados”  cristianos,  como  delito gravísimo.
La  “Declaración  Universal  de  Derechos  Humanos”  (Paris,  1948)  enuncia, desde el principio, que: “Todo individuo tiene derecho a la vida…” Dándose a entender  claramente  que  se  trata  de  un  derecho,  como  de  otros  que  son previos a cualquier legislación positiva y que ésta, por lo tanto, no los crea, sino  que,  por  ser  preexistentes  a  ella,  debe  reconocerlos,  protegerlos  y garantizarlos.  Y  ha de hacerlo  “…sin  distinción alguna de  raza,  color,  sexo, idioma, religión, opinión política o de cualquier otra índole, origen nacional o social, posición económica, nacimiento o cualquier otra condición”. Por ello su agresión grave ha de ser considerarse moral y jurídicamente como el máximo atentado  contra  el  hombre  y,  en  consecuencia,  habrá  de  reputarse  y  de castigarse de forma proporcionada coincidiendo, en este aspecto, el Derecho Penal y la Criminología.
Los delitos contra la vida han sido y vienen siendo recogidos, de manera muy similar  en  los  diferentes  ordenamientos  jurídicos  y  de  las diversas  culturas.
Refiriéndonos a la legislación penal de nuestro ámbito cultural más próximo, las figuras delictivas contra la vida humana quedan referidas, de forma básica como  delitos  contra  la  vida  de  los  seres  humanos  individualmente considerados, y con algunas variantes de estos textos al homicidio simple, al asesinato, el auxilio ejecutivo del suicidio, y al aborto, entre otros. Pero hay Códigos penales modernos que hacen referencia, también, a ataques contra la vida del ser humano, llevados a cabo como crímenes contra la humanidad o contra la especie humana. El Código Penal español vigente reconoce, tan sólo, como tipos penales autónomos, contra la vida humana independiente o dependiente (homicidio y aborto).
La Criminología insiste en la necesidad de considerar como delitos auténticos aquellos  comportamientos  que  lesionan  gravemente  valores,  bienes  o intereses trascendentes para la comunidad y, por lo tanto, para sus miembros en cuanto tales. Dentro de tales valores, bienes o intereses está la vida del ser humano, la independiente y la dependiente. Sin ella, no hay posibilidad de existencia humana. Si ello es así, como dice Cesar Herrero, ¿cómo permitir que ésta, sea cual fuere el momento en que se hallare, sea aniquilada con tanta  frivolidad  o,  al  menos,  sin  verdaderas  causas  ontológicamente justificantes?

La delincuencia convencional

 

No es pacífica la definición a este concepto. Algunos expertos inciden en el hecho de que en la delincuencia convencional o tradicional se establece una relación concreta entre delincuente y víctima, cosa que no sucede en la delincuencia no-convencional donde la víctima aparece de forma difusa y, como mucho, se da la sensación de que la misma sería otra que la sociedad. Son los delitos que algunos denominan “sin víctima” sino piénsese en los delitos contra la Hacienda Pública o los de contrabando, por ejemplo, en donde existe la falsa sensación de que no existen víctimas.
Hay quienes opinan que la Delincuencia Convencional es la integrada por los delitos que se llevan a cabo en una sociedad con la consideración de mal, pero asumibles como realidad hasta cierto punto normal que otro la describen de forma prevalentemente contable, como hace M. López-Rey[1]y añade que la criminalidad convencional es sinónimo “de la perpetrada mayormente por el pobre diablo”[2] refiriéndose al ciudadano de “a pie” y, en especial el marginado o excluido.
César Herrero la define como:
“La delincuencia que se lleva a cabo en todo tiempo y lugar, dentro de las relaciones y situaciones sociales ordinarias, por parte de sujetos pertenecientes a la población en general, sobre todo los más marginados y excluidos, que ha sido, y lo sigue siendo, tradicionalmente incluida en las leyes penales de las sociedades civilizadas, y que aparece siempre, en lo posible, amplia y oficialmente registrada por las correspondientes instituciones operantes dentro del sistema penal”.[3]
Actualmente, por otra parte, se ha observado que este tipo de delincuencia va incorporando en su “modus operandi”, algunos de carácter violento y de gran trascendencia mediática y determinadas técnicas y avances propios de las sociedades postindustriales, si bien, ensayan, casi siempre, con instrumentos de tecnología menor.

[1] Este autor afirma que “Las mayores cifras suelen corresponder a los delitos contra la propiedad, seguidos por los de contra las personas. A distancias variables se hallan los demás delitos, entre los cuales los cometidos por los funcionarios públicos ocupan generalmente lugares remotos en la escala decreciente la criminalidad estadística.”
[2] LÓPEZ-REY, M., Criminología. Criminalidad y Planificación de la Política Criminal, Edit. Aguilar, Tomo II, Madrid, 1978, p.227 y p.338.
[3] HERRERO HERRERO, C., Fenomenología Criminal y Criminología Comparada, op. cit., p. 86.

Asesinos seriales

El fenómeno de los asesinos en serie “killers serie” es el más grave dentro de la criminalidad violenta. Las causas de estos son la búsqueda de excitación, la disociación y un sentimiento grandioso del yo. También influye un proceso de socialización lleno de abusos y violencia. El asesino en serie no ataca por haber llegado a una situación traumática insostenible sino que describe el inicio de los asesinatos como el resultado de una energía liberada. La presión de esta energía hace que el asesino en serie esté “necesitado” de esa forma de actuar a lo largo del tiempo. Tiene pensamientos recurrentes sobre actos violentos y fantasías de poder o de sexo. Este tema, tan atrayente como complicado para su estudio, tiene un fuerte impacto para el investigador. Sigue leyendo